Guest Poet: Luis Cernuda

El viento y el alma

Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian450_1000
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.

– Luis Cernuda

 

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Touch

Here are some thoughts that came out, responding to a painting by Akiane Kramarik, called “The First.” At first, I thought it would come out as a traditional poem, but it turns out it’s more of a free verse poem/story… Hope you enjoy.

Touch- A response to “The First” by Akiane Kramarik

Cor felt alive as a blush rose to his bristly cheek,
His mind turning ever towards his blushing wife.
His mind returned to the path,
Thanks to the bumpy road, and wet mud bath,
Caused by his horse.
He felt the horse’s coarse mane,
And electricity shocked his system,
As he remembered her caress.

Chilly and cold as the morning was,
He was warmed by thoughts of her love,
As the idea of returning to her,
Spurred him on down the damp, dull road.
Creepy vines obscured the path,
And he hacked away at them with wrath.
What could keep him away from his love?
Could the crisp autumn air,
Or the dull, damp, creepy path?

The horse’s hooves were deadened,
By moss …
Which reminded him of a cuddly,
Downy, light blanket…
Feverishly he rode on,
As he forgot the dreary path,
And muddy grime.
His firm grip on the reins,
Never wavered.

A flabby, fumbling, flushed innkeeper,
On the flatlands by a flowing stream,
Called to him by a window,
While his furry German Shephard barked,
And begged him to stay in a fluffy, fuzzy, bed.
But he was not persuaded…
How he longed to fondle his love,
Even if just with his eyes…
He felt furious,
That anyone would try to stop him.

The gooey, grainy, gritty soil,
Made the going difficult,
So he jumped from his horse,
And grabbed the greasy bridle.
His boots were gummy with mud,
As he encouraged the hairy beast.
Handling the beast with care
He navigated through the muddiest part,
While his hard, athletic body,
Felt more exhaustion coming on.
He stamped the ground with his foot,
Thinking…
“ Garn! I will not be able to see her tonight!”

The humid rain continued,
But could not quench the hot fire within him,
Though the biting flies made him itch,
Thinking his skin a delicious delight.

The horse jumped,
As it saw the lifeless form of a rider,
And another horse,
By the side of the road.
Controlling the horse,
He recognized by lamplight,
That it was his old comrade, Rambo.
A lump rose in his throat,
As he saluted and buried his friend,
In the cold earth.

He would tell the family later…

Massaging his hands in the cold,
He turned his horses head,
And moistened his lips.
His heart felt a numb with grief,
But he knew his mission….
To return to his love.

His sword glistened in the rain,
As he looked for the traitors,
Who killed his friend.
The only thing he saw,
Were the oily remains of a fish,
And their encampment fire pit.
He patted his horse,
And continued on.

The ground was rough,
As he was coming in close,
To the end.
The scratchy, prickly, sharp shrubs,
Rubbed against him,
As the horse galloped on the spongy,
Springy and squishy ground.
Thorns and flowers pecked, pricked, and tickled,
His strong legs,
Leaving at times, powdery pollen,
As he pressed onward.

Petting his horse,
He encouraged, slapped and pushed him on,
And pinched him with his spurs.

Pulling uphill,
They finally reached the stables.
Rubbing his sweaty, wet horse down,
He shivered and shuddered with cold,
As sweat and mud stung his eyes.

Shoving the door to the house closed,
His silk-clad maidservant,
Called loudly:
“My lady!
My lady!
Cor has returned from the war!”

Cor removed his slimy, stiff, boots,
And ran barefoot,
Along the smooth passage,
Towards the soft, determined, footsteps,
Of his beautiful wife.

They embraced… suddenly.
Stroking his beard
She did not care that he was sweaty,
Dirty,
Wet
And exhausted.
He drew her closer,
For a passionate kiss.
Suddenly, he felt the temperature shift,
As he felt the texture of her hair,
Through his hard, weatherbeaten hands.
“Finally…” she breathed.

His breathing became quickened,
As her vocal chords vibrated his name…
He felt the warmth of her gaze,
And her body,
As they grew entwined in the wooly blankets.
Unashamed.

Morning light hit the skies,
As Aravis awakened to her husbands’ caress.
She flushed and laughed.
What a thought!
A clean person like her,
With a dirty, rugged lover,
Who had not bothered to bathe?
“Let’s bathe, my love.”
His eyes laughed.
“Yes…let’s.”

Guest Poet: Gabriel Celaya

“A Pablo Neruda”
Te escribo desde un puerto.
La mar salvaje llora.
Salvaje, y triste, y solo, te escribo abandonado.
Las olas funerales redoblan el vacío.
Los megáfonos llaman a través de la niebla.
La pálida corola de la lluvia me envuelve.
Te escribo desolado.

El alma a toda orquesta,
la pena a todo trapo,
te escribo desde un puerto con un gemido largo.
¡Ay focos encendidos en los muelles sin gente!
¡Ay viento con harapos de música arrastrada,
campanas sumergidas y gargantas de musgo!
Te escribo derrotado.

Soy un hombre perdido.
Soy mortal. Soy cualquiera.
Recuerdo la ceniza de su rostro de nardo,
el peso de tu cuerpo, tus pasos fatigosos,
tu luto acumulado, tu montaña de acedia,
tu carne macilenta colgando en la butaca,
tus años carcelarios.

Caliente y sudorosa,
obscena, y triste, y blanda,
la butaca conserva, femenina, aquel asco.
La pesadumbre bruta, la pena sexual, dulce,
las manchas amarillas con su propio olor acre,
esa huella indecente de un hombre que se entrega,
lo impúdico: tu llanto.

Viviendo, viendo, oyendo,
sucediéndote a ciegas,
lamiendo tus heridas, reptabas por un fango
de dulces linfas gordas, de larvas pululantes,
letargos vegetales y muertes que fecundan.
Seguías, te seguías sin vergüenza, viviendo,
¡oh blando y desalmado!

Tú, cínico, remoto,
dulce, irónico, triste;
tú, solo en tu elemento, distante y desvelado.
No era piedad la anchura difusa en que flotabas
con tu sonrisa ambigua. Fluías torpemente,
pasivo, indiferente, cansado como el mundo,
sin un yo, desarmado.

Estaciones, transcursos,
circunstancias confusas,
oceánicos hastíos, relojes careados,
eléctricos espartos, posos inconfesables,
naufragios musicales, materias espumosas
y noches que tiritan de estrellas imparciales,
te hicieron más que humano.

Allí todo se funde.
Los objetos no objetan.
Liso brilla lo inmenso bajo un azul parado
y en las plumas sedantes la luz del mundo escapa,
sonríe, tú sonríes, remoto, indiferente,
bestial, grotesco, triste, cruel, fatal, adorado
como un ídolo arcaico.

Sin intención, sin nombre,
sin voluntad ni orgullo,
promiscuo, sucio, amable, canalla, nivelado,
capaz de darte a todo, común, diseminabas
podrido las semillas amargas que revientan
en la explosión brillante de un día sin memoria.
No eras ni alto ni bajo.

La doble ala del fénix:
furor, melancolía,
el temblor luminoso de la espira absorbente;
la lluvia consentida que duerme en los pianos;
las canciones gangosas lentamente amasadas;
los ojos de paloma sexuales y difuntos;
cargas opacas; pactos.

Caricias o perezas,
extensiones absortas
en donde a veces somos tan tercamente abstractos
y otras veces los pelos fosforecen sexuales,
y fría, dulce, ansiosa, la lisa piel de siempre,
serpiente, silba, sorbe y envuelve en sus anillos
un triste cuerpo amado.

No hay clavo último ardiendo,
no hay centro diamantino,
no hay dignidad posible cuando uno ha visto tanto
y está triste, está triste, sencillamente triste,
se entrega atribulado y en lo efímero sabe
ser otro con los otros, de los otros, en otros:
seguir, seguir flotando.

¡Oh inmemorial, oh amigo
amorfo, indiferente!
Deslizándote denso de plasmas milenarios,
tardío, legamoso de vidas maceradas,
cubierto de amapolas nocturnas, indolente,
por tu anchura sin ojos ni límites, acuosa,
te creía acabado.

Mas hoy vuelves, proclamas,
constructor, la alegría;
te desprendes del caos; determinas tus actos
con voluntad terrena y aliento floral, joven.
Ni más ni menos que hombre, levantas tu estatua,
recorres paso a paso tu más acá, lo afirmas,
llenas tu propio espacio.

Los jóvenes obreros,
los hombres materiales,
la gloria colectiva del mundo del trabajo
resuenan en tu pecho cavado por los siglos.
Los primeros motores, las fuerzas matinales,
la explotación consciente de una nueva esperanza
ordenan hoy tu canto.

Contra tu propia pena,
venciéndote a ti mismo,
apagando, olvidando, tú sabes cuánto y cuánto,
cuánta nostalgia lenta con cola de gran lujo,
cuánta triste sustancia cotidiana amasada
con sudor y costumbres de pelos, lluvias, muertes,
escuchas un mandato.

Y animas la confianza
que en ti quizá no existe;
te callas tus cansancios de liquen resbalado;
te impones la alegría como un deber heroico.
¡Por las madres que esperan, por los hombres que aún ríen,
debemos de ponernos más allá del que somos,
sirviéndolos, matarnos!

Con rayos o herramientas,
con iras prometeicas,
con astucia e insistencia, con crueldad y trabajo,
con la vida en un puño que golpea la hueca
cultura de una Europa que acaricia sus muertos,
con todo corazón que, valiente, aún insiste,
del polvo nos alzamos.

Cantemos la promesa,
quizá tan solo un niño,
unos ojos que miran hacia el mundo asombrados,
mas no interrogan; claros, sin reservas, admiran.
¡Por ellos combatimos y a veces somos duros!
¡Bastaría que un niño cualquiera así aprobara
para justificarnos!

Te escribo desde un puerto,
desde una costa rota,
desde un país sin dientes, ni párpados, ni llanto.
Te escribo con sus muertos, te escribo por los vivos,
por todos los que aguantan y aún luchan duramente.
Poca alegría queda ya en esta España nuestra.
Mas, ya ves, esperamos.

-Te escribo desde un puerto.
La mar salvaje llora.
Salvaje, y triste, y solo, te escribo abandonado.
Las olas funerales redoblan el vacío.
Los megáfonos llaman a través de la niebla.
La pálida corola de la lluvia me envuelve.
Te escribo desolado.

El alma a toda orquesta,
la pena a todo trapo,
te escribo desde un puerto con un gemido largo.
¡Ay focos encendidos en los muelles sin gente!
¡Ay viento con harapos de música arrastrada,
campanas sumergidas y gargantas de musgo!
Te escribo derrotado.

Soy un hombre perdido.
Soy mortal. Soy cualquiera.
Recuerdo la ceniza de su rostro de nardo,
el peso de tu cuerpo, tus pasos fatigosos,
tu luto acumulado, tu montaña de acedia,
tu carne macilenta colgando en la butaca,
tus años carcelarios.

Caliente y sudorosa,
obscena, y triste, y blanda,
la butaca conserva, femenina, aquel asco.
La pesadumbre bruta, la pena sexual, dulce,
las manchas amarillas con su propio olor acre,
esa huella indecente de un hombre que se entrega,
lo impúdico: tu llanto.

Viviendo, viendo, oyendo,
sucediéndote a ciegas,
lamiendo tus heridas, reptabas por un fango
de dulces linfas gordas, de larvas pululantes,
letargos vegetales y muertes que fecundan.
Seguías, te seguías sin vergüenza, viviendo,
¡oh blando y desalmado!

Tú, cínico, remoto,
dulce, irónico, triste;
tú, solo en tu elemento, distante y desvelado.
No era piedad la anchura difusa en que flotabas
con tu sonrisa ambigua. Fluías torpemente,
pasivo, indiferente, cansado como el mundo,
sin un yo, desarmado.

Estaciones, transcursos,
circunstancias confusas,
oceánicos hastíos, relojes careados,
eléctricos espartos, posos inconfesables,
naufragios musicales, materias espumosas
y noches que tiritan de estrellas imparciales,
te hicieron más que humano.

Allí todo se funde.
Los objetos no objetan.
Liso brilla lo inmenso bajo un azul parado
y en las plumas sedantes la luz del mundo escapa,
sonríe, tú sonríes, remoto, indiferente,
bestial, grotesco, triste, cruel, fatal, adorado
como un ídolo arcaico.

Sin intención, sin nombre,
sin voluntad ni orgullo,
promiscuo, sucio, amable, canalla, nivelado,
capaz de darte a todo, común, diseminabas
podrido las semillas amargas que revientan
en la explosión brillante de un día sin memoria.
No eras ni alto ni bajo.

La doble ala del fénix:
furor, melancolía,
el temblor luminoso de la espira absorbente;
la lluvia consentida que duerme en los pianos;
las canciones gangosas lentamente amasadas;
los ojos de paloma sexuales y difuntos;
cargas opacas; pactos.

Caricias o perezas,
extensiones absortas
en donde a veces somos tan tercamente abstractos
y otras veces los pelos fosforecen sexuales,
y fría, dulce, ansiosa, la lisa piel de siempre,
serpiente, silba, sorbe y envuelve en sus anillos
un triste cuerpo amado.

No hay clavo último ardiendo,
no hay centro diamantino,
no hay dignidad posible cuando uno ha visto tanto
y está triste, está triste, sencillamente triste,
se entrega atribulado y en lo efímero sabe
ser otro con los otros, de los otros, en otros:
seguir, seguir flotando.

¡Oh inmemorial, oh amigo
amorfo, indiferente!
Deslizándote denso de plasmas milenarios,
tardío, legamoso de vidas maceradas,
cubierto de amapolas nocturnas, indolente,
por tu anchura sin ojos ni límites, acuosa,
te creía acabado.

Mas hoy vuelves, proclamas,
constructor, la alegría;
te desprendes del caos; determinas tus actos
con voluntad terrena y aliento floral, joven.
Ni más ni menos que hombre, levantas tu estatua,
recorres paso a paso tu más acá, lo afirmas,
llenas tu propio espacio.

Los jóvenes obreros,
los hombres materiales,
la gloria colectiva del mundo del trabajo
resuenan en tu pecho cavado por los siglos.
Los primeros motores, las fuerzas matinales,
la explotación consciente de una nueva esperanza
ordenan hoy tu canto.

Contra tu propia pena,
venciéndote a ti mismo,
apagando, olvidando, tú sabes cuánto y cuánto,
cuánta nostalgia lenta con cola de gran lujo,
cuánta triste sustancia cotidiana amasada
con sudor y costumbres de pelos, lluvias, muertes,
escuchas un mandato.

Y animas la confianza
que en ti quizá no existe;
te callas tus cansancios de liquen resbalado;
te impones la alegría como un deber heroico.
¡Por las madres que esperan, por los hombres que aún ríen,
debemos de ponernos más allá del que somos,
sirviéndolos, matarnos!

Con rayos o herramientas,
con iras prometeicas,
con astucia e insistencia, con crueldad y trabajo,
con la vida en un puño que golpea la hueca
cultura de una Europa que acaricia sus muertos,
con todo corazón que, valiente, aún insiste,
del polvo nos alzamos.

Cantemos la promesa,
quizá tan solo un niño,
unos ojos que miran hacia el mundo asombrados,
mas no interrogan; claros, sin reservas, admiran.
¡Por ellos combatimos y a veces somos duros!
¡Bastaría que un niño cualquiera así aprobara
para justificarnos!

Te escribo desde un puerto,
desde una costa rota,
desde un país sin dientes, ni párpados, ni llanto.
Te escribo con sus muertos, te escribo por los vivos,
por todos los que aguantan y aún luchan duramente.
Poca alegría queda ya en esta España nuestra.
Mas, ya ves, esperamos.

-Gabriel Celaya

Smell

Love has a fragrance…
Some say it smells like lavendar,
And others say it’s like Jasmine,
Or…
Murraya paniculata,
Heliotrope,
Tuberose,
Freesia,
Luculia,
Philadelphusgardenia-bush
Plumeria,
Wisteria,
Jonquil ,
Hyacinth
‘Yesterday, Today and Tomorrow’ (Brunfelsia latifolia)
Butterfly Bush,
Chinese star jasmine,
Viburnum,
Madagascar jasmine,
frangipani,
Sweet pea,
Sweet Alyssum,
four O clock flower
chocolate cosmos
Or
Lilly of the valley…

To me,
Your fragrance is..
Intoxicating like..
A gardenia.
Your fragrant personality fills the room,
And I am blown away.
You care deeply about me,
And I am yours.

Sight

Do you see what eyes cannot see?
Can you see what is beyond the natural?
Are you aware of what is hidden?
Do you see the vision?
What’s the vision?
The Vision?
The vision is an army of young people.
You see bones? I see an army. And they are FREE from materialism.
They are mature …
They are free.
They are wild.
They serve and live for something bigger.
They create.
They laugh…
They make love.
They suffer patiently.
They belong to the nations.
They write their addresses in pencil,
And laugh at their strange existence as sojourners….
They live in honor of His Majesty.
They love the dying and hurting,
And use their wealth for just causes,
And creating beauty.
They are not stingy or selfish.
They are set apart,
And their wisdom is honored by all.
They reach for the stars,
And live in integrity.
Their lives are pure… and dangerous.
They lay down their lives for the cause,
And are heroes.
Their lifestyle outside,
Matches their inner life.
They are history makers,
But they are often hidden.
They are disciplined,
And fearless.
They wait…
They watch…
They listen,
And they take action.
They are attractive both inside and outside.
They are…
Unstoppable.